domingo, 04 de noviembre de 2012

Ha ocurrido una tragedia, algo horrible… Tres chicas de apenas 18 años han muerto durante un espectáculo. Algo que no tendría que haber ocurrido nunca, pero ya es tarde…

Y buscamos culpables.

Dicen que se vendieron más entradas del aforo permitido. Dicen que el tope era de 10.000 personas pero se vendieron muchas más entradas. Y, ahora, después de lo ocurrido, parece que todo el mundo lo sabía: lo sabían trabajadores de la organización, lo sabían los propios chicos que fueron al concierto, lo sabían los dj’s que actuaron aquella noche… Y nadie hizo nada.

Pero buscamos culpables.

Las miradas se giran hacia la empresa organizadora, que asegura que no es así, que se vendieron incluso menos de las 10.000 entradas permitidas.

El tapón se formó en una salida de emergencia. Una salida que se convirtió en un callejón sin salida para las víctimas. Un tapón que se formó con… ¿cuántas? ¿300, 400, 1000 personas? ¿Qué más da, entonces, si se vendieron más o menos entradas de las permitidas? Las otras 9 ó 10 ó 15 mil personas siguieron en la fiesta, ajenas al espectáculo dantesco que estaba teniendo lugar a escasos metros.

Pero necesitamos culpables.

Dicen que había menores, de hecho, una de las víctimas aún no había cumplido 18 años. Y dicen que la seguridad no era suficiente porque no pedían identificación al entrar. Y esto se lo he oído a una madre que dice que llevó a su hija de 15 años a la fiesta y nadie le pidió el DNI. ¿Y la culpa es de la empresa organizadora? ¿Nadie va a pedir responsabilidad a esa madre que lleva a su hija menor a un espectáculo dirigido exclusivamente a mayores de edad?

Y dicen también que se “coló” mucha gente porque la seguridad no era buena. Hasta donde yo sé, incumplir una norma (acceder a un lugar prohibido o de acceso restringido) es responsabilidad del que la incumple y no del vigilante. ¿O es que cuando alguien roba en un supermercado pensamos que la culpa es de la cajera o del “segurata” de la puerta, que no han hecho bien su trabajo?

Y dicen que tiraron petardos y bengalas porque la seguridad, nuevamente, hizo mal su trabajo. Porque no registraron ni cachearon a 10.000 personas que accedían al recinto y sólo hacían registros aleatorios. ¿A alguien le han cacheado alguna vez para entrar a un concierto o a una fiesta? ¿Dónde empieza la seguridad y dónde acaba el derecho a la intimidad?

Si se prohíbe el uso de determinados objetos pero hay personas (con mejor o peor intención) que las usan ¿de quién es la culpa?

¿Dónde están esos chicos/-as que lanzaron las bengalas y petardos? ¿Dónde están sus padres exigiendo responsabilidad a la empresa organizadora?

Y dicen, ahora, que no se pueden mezclar este tipo de espectáculos con alcohol, que los jóvenes se descontrolan. Y buscamos culpables… Y miramos a la empresa organizadora.

Y yo pienso en todos esos jóvenes que salen cada fin de semana y van de botellón con el consentimiento de sus padres. Y no les juzgo, en absoluto, pero muchos (no todos) beben y consumen otro tipo de sustancias. ¿Y quién es el culpable?

No eximo la responsabilidad de la empresa organizadora, no es eso. Pero buscamos culpables, buscamos una cabeza de turco para cortar.

Y, tal vez, no deberíamos hablar de “culpa”, sino de responsabilidad. O de irresponsabilidad, más bien… (i-)Responsabilidad de los chiquillos (casi niños) que encendieron la bengala, (i-) responsabilidad de sus padres, (i-) responsabilidad de los menores que allí había, (i-) responsabilidad de sus cuidadores, (i-) responsabilidad de la empresa organizadora, (i-) responsabilidad de sus trabajadores, (i-) responsabilidad del ayuntamiento que no veló por el cumplimiento de la normativa… ¿Y por qué no? Responsabilidad de todos. Que cada uno coja su parte.


Publicado por carmentah @ 23:11  | opinión
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